"Cuando toco un cuerpo, acaricio el Alma"

Dar masaje es entrar en contacto con la energía del cuerpo de otro, sentir dónde está bloqueado y hacer de él un todo fluyendo en armonía. Eso es posible cuando se realiza con respeto, escucha y amor.

El origen del masaje es muy antiguo. Es en las termas de Roma donde nos encontramos con los primeros masajistas de la historia occidental.

A finales del siglo XIX, los masajistas trabajaban en la medicina convencional como asistentes de médicos. En la cultura china, griega, egipcia y americana ya la utilizaban, y sigue siendo un tratamiento muy beneficioso.

El masaje no solo es para aliviar dolores, sino como medicina preventiva. Cuando una persona vive un periodo de estrés, es muy típico que caiga enferma. Con sesiones de masajes se experimentan mejoras en las respuestas de su sistema inmune y endocrino. El masaje ayuda a sentirse bien de forma global a través de una serie de sesiones regulares.

Activa la circulación sanguínea, drena a través del sistema linfático, fortalece la función del cerebro y tiene un efecto calmante y relajante sobre el cuerpo y la mente, lo que abre el flujo de la fuerza vital con el objetivo de limpiar y revitalizar el cuerpo.

Dependiendo de nuestra actividad física y el estrés al que estemos sometidos diariamente, no es aconsejable esperar a sufrir molestias y dolor muscular para someternos a un masaje terapéutico, es recomendable realizarlos de modo preventivo.

Tiene algunas contraindicaciones, como que no se debe realizar en procesos agudos de inflamación.

Podemos decir que es un arte sutil y una ciencia eficaz a la vez; es una técnica poderosa para eliminar el dolor y mejorar la calidad de vida. El masaje terapéutico tiene beneficios reales para la salud.